Jorge H Vargas Ramirez
El currículo oculto es un concepto de las ciencias de la educación nada novedoso, pero que quienes estamos en los sistemas educativos desconocemos o con frecuencia olvidamos. Significa los aprendizajes que no son evidentes, sino que se encuentran escondidos en los planes de estudio, pero que, no obstante, pueden ser reconocidos, identificados y discriminados de aquellos que sí son expresados con claridad en los diferentes instrumentos del sistema educativo. Se reflejan en conductas, comportamientos y actividades del estudiante que responden precisamente a lo que se espera del estudiante ya formado. En otras palabras: en el currículo oculto se definen las perspectivas con las que el profesionista aplicará en la vida real los aprendizajes adquiridos.
Desde luego, habría que recordar que existe un currículo formal, que es el conocido por todos y que las instituciones educativas difunden oficialmente en los planes de estudio para dar a conocer los contenidos y objetivos a alcanzar por las partes en el proceso de enseñanza-aprendizaje. La planificación de las etapas o niveles de estudio (grados) e inclusive las clases se diseñan en función de este currículo formal, visible y accesible para todo el mundo.
El currículo oculto corre por separado de lo evidente y declarado en los documentos oficiales y tiene que ver con lo que cada institución educativa define como identidad propia y que espera sea reproducida por docentes, a fin de que el alumno que egresa, a su vez, reproduzca en su entorno social el sistema de valores que promueve la institución educativa. No es fácil de ubicar e identificar, pero ciertos elementos institucionales vinculados nos pueden dar pistas de lo que es el respectivo currículo oculto.
Si observamos con cuidado, vemos ciertas conductas de directivos, docentes e incluso el resto del personal que perfilan ciertas actitudes como las naturales y esperadas en el alumno. Algunas se quedan como actitudes a nivel interno, pero otras se expresan en conversaciones que reproducen frases que hacen evidente ese currículo oculto. “Si te propones algo, lo logras” podría ser un buen ejemplo. Aparentemente está inspirada en una perspectiva de la cultura del esfuerzo, tan común en nuestra sociedad. Sin embargo, la frase (y la filosofía subyacente) omite las circunstancias personales del individuo a quien va dirigida o incluso el contexto: a un alumno con una situación familiar complicada (con padre ausente, madre fallecida, que vive en casa de los abuelos enfermos) que debe ayudar con el sustento económico, la frase le puede parecer vacía; o algún otro con problemas de indisciplina, la frase le puede parecer chocante. Así, la reproducción de conductas esperadas en el currículo oculto no siempre funciona.
En otro orden de ideas, el currículo oculto no es tan fácil de reproducir en las instituciones educativas con libertad de cátedra, pues a las circunstancias propias del contexto personal de los alumnos le agregamos el sesgo o inclusive la visión discordante del docente, quien, conforme a su historia personal, su ideología, puede no encuadrar como vehículo de reproducción del currículo oculto.
Corresponde a quienes nos dedicamos a la docencia identificar los elementos del currículo oculto en nuestra institución y encontrar el modelo (“producto”, dirían los mercadólogos) que la institución pretende reproducir de acuerdo al nivel educativo y conforme a la profesión, para así determinar en cada caso si es factible adaptarlo a las necesidades y aspiraciones individuales del educando.