REPORTE ESPECIAL BC DIGITAL MAGAZINE
Entender el papel de las encuestas en Baja California requiere mirar más allá de los porcentajes y enfocarse en la metodología. En el último proceso electoral estatal, fuimos testigos de una brecha profunda entre las casas encuestadoras de prestigio y aquellas que surgieron de la nada con fines meramente publicitarios. Mientras que firmas con décadas de respaldo nacional, como Buendía & Márquez o Mitofsky, proyectaron con una precisión notable el margen de victoria de la actual administración, otras «encuestadoras de redes sociales» inflaron expectativas de la oposición que terminaron por desmoronarse en las urnas. Esta diferencia no es casualidad: las empresas serias basan sus resultados en entrevistas cara a cara y diseños muestrales que reflejan fielmente la demografía real del estado, no solo el ruido digital.
Recordando lo sucedido en la elección para la gubernatura de 2021, el contraste fue revelador y validó el trabajo de las encuestadoras con mayor rigor técnico. Según los datos definitivos del PREP, la candidata ganadora obtuvo el 48.18% de los votos, frente al 31.12% del segundo lugar, lo que representa una diferencia real de 17.06 puntos porcentuales. En este escenario, las mediciones de salida de Enkoll fueron sumamente precisas al proyectar una ventaja de 16 puntos, mientras que El Financiero también mantuvo la línea de realismo al situar la ventaja en un rango similar. Estos números desmintieron por completo a las casas locales y digitales que manejaban un «empate técnico», demostrando que muchas de esas cifras no eran proyecciones estadísticas, sino herramientas de posicionamiento político.
A la par de este fenómeno, hoy enfrentamos una proliferación preocupante en redes sociales de encuestas y estadísticas diseñadas específicamente para engañar o alimentar campañas negras. Estos ejercicios suelen carecer de una metodología pública transparente y no están sustentados en datos reales, buscando únicamente fabricar una percepción falsa de la intención de voto para influir en el ánimo del electorado. Este tipo de desinformación digital utiliza el lenguaje de la estadística para disfrazar estrategias de propaganda, lo que obliga al ciudadano a ser mucho más selectivo y crítico con la fuente de la información antes de dar por cierto cualquier gráfico que aparezca en su muro.
De cara al 2027, las proyecciones iniciales de las encuestadoras con mayor historial de aciertos ya comienzan a marcar una tendencia de estabilidad en la entidad. Actualmente, firmas como Demoscopia Digital y De las Heras Demotecnia muestran una consolidación del partido en el poder, con una intención de voto que se mantiene por encima del 45% en escenarios generales. Lo interesante es que estas mediciones ya no solo evalúan marcas partidistas, sino que empiezan a testear perfiles específicos. La constante en los datos más recientes sugiere que la continuidad es, por ahora, el escenario más probable, siempre y cuando se mantenga la cohesión interna en las coaliciones dominantes del estado. El gran resto para el próximo ciclo será discernir entre la información fidedigna y la guerra de cifras, especialmente ante la tendencia de encuestas «robotizadas» o de llamadas automatizadas que suelen tener márgenes de error más amplios debido a su alta tasa de rechazo. El análisis crítico nos invita a observar con lupa a aquellas casas que han sobrevivido a múltiples procesos electorales con éxito. Hacia el 2027, el dato real no estará en quién va a la cabeza en una publicación aislada, sino en el promedio de las mediciones de aquellas empresas que han demostrado que su compromiso es con la verdad estadística y no con una agenda política en particular