El rugir del mar se mezcló con los bajos del reguetón durante tres intensos días en Playas de Rosarito, donde la séptima edición del Baja Beach Fest 2025 convirtió al litoral bajacaliforniano en el epicentro de la música urbana. Del 8 al 10 de agosto, miles de asistentes disfrutaron de un cartel encabezado por figuras como Maluma, J Balvin, Don Omar y Natanael Cano, quienes encendieron el escenario frente al océano Pacífico en un evento que, más allá del espectáculo, dejó una profunda huella económica y social en la región.
Con una estimación de más de 25 mil visitantes nacionales e internacionales, la ocupación hotelera alcanzó el 100%, colapsando no solo la oferta en Rosarito, sino también en Tijuana y zonas aledañas. Desde semanas antes, se reportaban reservaciones por encima del 85%, mientras los turistas, muchos de ellos provenientes del sur de California, llegaban a través de plataformas digitales, transporte público o vehículos particulares. Comerciantes y prestadores de servicios vieron multiplicarse sus ingresos durante el fin de semana, en una cadena de beneficios que tocó desde los vendedores ambulantes hasta los touroperadores del Valle de Guadalupe.
Este año, se calculó una derrama económica cercana a los 50 millones de dólares, impulsada principalmente por el consumo en hospedaje, alimentos y bebidas, transporte y entretenimiento. Restaurantes, bares y puestos de comida callejera trabajaron a su máxima capacidad. Las tiendas de conveniencia, negocios turísticos y hasta los servicios digitales de transporte como Uber y Didi registraron récords de actividad. Rosarito, antes conocido por su tradicional “Spring Break”, ahora brilla como anfitrión de uno de los festivales de reguetón más influyentes del continente.
Pero no todo fue celebración. La concentración masiva de asistentes también dejó retos visibles: acumulación de basura en playas, congestión vehicular y quejas vecinales por el alto volumen de música hasta altas horas. A pesar de los esfuerzos de limpieza y control implementados por el Ayuntamiento, organizaciones ambientales volvieron a señalar el impacto ecológico en la costa. Botellas, colillas y residuos plásticos son los principales restos que comprometen la franja costera. Además, se mantuvo el descontrol en la venta informal, que año con año genera tensiones con el comercio establecido.
La autoridad municipal desplegó un operativo especial de seguridad, tránsito y protección civil para garantizar el orden y la integridad de los asistentes. A esto se sumó la presencia de una nueva fuerza policial local que, según comerciantes como Juan Silva, ha transformado positivamente la imagen de Rosarito. La vigilancia en el malecón, los accesos controlados y la coordinación con organizadores permitieron mantener el evento sin incidentes mayores, reforzando la percepción de seguridad para turistas y residentes.