Jorge H Vargas Ramirez
A casi un mes de la celebración de las primeras elecciones ciudadanas para la integración de los poderes judiciales federal y locales, fueron evidentes algunos aspectos de ese proceso inédito que conviene comentar a manera de reflexiones.
En primer lugar, el desconocimiento ciudadano del sentido y finalidad de la elección por voto ciudadano para los cargos judiciales. En efecto, si con años de practica el ciudadano común no conoce los pormenores de la integración y funcionamiento de los poderes legislativo y ejecutivo, con mayor un proceso que por primera vez se lleva a cabo. Distinguir la naturaleza de los puestos de senador, diputado federal y diputado local no siempre le resulta claro a la gente común; en ese sentido, elegir ministros, magistrados electorales (de la sala superior y de las regionales), magistrados del tribunal de disciplina, magistrados de circuito, jueces de distrito; y además, hay que agregar un numero casi igual en los relativos a los poderes judiciales de los estados; ejercicio complicado.
En este orden de ideas, la diversidad de los cargos a elegir dificulta en mucho el proceso de toma de decisiones, aun en el caso de personas con nivel escolar alto; indagar sobre perfiles, trayectoria, inclusive actividades sociales y relaciones familiares o de amistad (importantes porque eventualmente generarían conflicto de intereses) es una tarea ardua por lo complicado de cada aspecto multiplicado por el numero de puestos a votar.
Asimismo, el tiempo o los tiempos desde la convocatoria hasta el día de la elección, pasando por la publicación de los nombres de los aspirantes y la lista final de estos elaborada por el INE y lo suigéneris de las campañas pueden generar confusión o al menos dificultar la decisión del votante. Recordemos que es un proceso que se lleva a cabo por primera vez en nuestro país.
Sin embargo, hay que considerar que por primera vez se le da al ciudadano el poder para elegir a los titulares de uno de los tres máximos poderes en los que descansa la responsabilidad del gobierno; que desde los orígenes de nuestra republica hemos votado por titulares del ejecutivo y legislativo y los respectivos locales, pero el ciudadano había sido ajeno a la integración del poder judicial. Hoy podemos decir que elegimos a los tres poderes del estado, por primera vez en la vida de nuestro país.
Por otra parte, el elevado abstencionismo es un tema que convendría analizar por separado, dado el carácter multifactorial del mismo; en este sentido, podríamos aventurar que las causas de la abstención ciudadana son múltiples y de ninguna manera atribuibles a un único elemento.
Asimismo, creemos que el tema de los llamados “acordeones” debe ser permitido, dada la complejidad de este tipo de comicios, y si es permitido, entonces debe regularse su uso. Por su trascendencia, este es un asunto que ocupa otro espacio.
Agradezco al amigo Horacio Venegas por su invitación a participar en estas páginas.
Mexicali, 28 de Junio de 2025.