JORGE H. VARGAS RAMIREZ
Este Día del Maestro se celebra en un contexto muy especial, debido al ambiente que se generó en el ámbito educativo tras el anuncio del aún titular de la SEP, Mario Delgado, de recortar el calendario escolar un mes por las altas temperaturas y… el Mundial de Futbol (altas temperaturas cada año; Mundial de Futbol solo ahora, usted escoja la verdadera razón y prioridad). Y, una vez que se corrigió por las reacciones negativas que provocó, el funcionario aún encendió más los ánimos acusando a los empresarios de no dar facilidades laborales, obligando a los padres de familia a desatender a sus hijos e, incluso, de usar las escuelas como guarderías. En mi opinión, lo más grave para el sistema educativo fue otro comentario, en el sentido de que ese mes que se quitaría estaba de más; es decir, es un tiempo inútil y, entonces, en la más pura lógica, nos preguntaríamos: ¿qué hacen, o qué han estado haciendo, en las escuelas TODOS los años en ese lapso?
De lo que conozco como profesor universitario y lo que sé por vivencias personales y como padre de alumnos de todos los niveles, creo que puedo responder a la pregunta, consecuencia lógica de los comentarios del Secretario Federal de Educación: los maestros y personal de apoyo hacen lo que tienen que hacer, trabajar diario contribuyendo a formar ciudadanos y profesionales comprometidos con la sociedad. Entiendo lo complicado que puede ser la labor docente, desde los niveles básicos y medios hasta los superiores, debido a múltiples factores; desde niños en situación de alimentación deficiente, pasando por adolescentes con los problemas propios de su etapa de desarrollo humano, hasta las complicadas relaciones sociales de los adultos jóvenes en el nivel superior. Cada alumno es un ser humano con una historia personal derivada de su situación familiar y de la relación del educando con el resto de la sociedad. No sabemos con qué carga cada alumno que tenemos en el aula.
Sin embargo, el docente se encuentra presente como guía escolar y, con frecuencia, como orientador moral, cuando detecta algún indicio de que está ante un alumno o alumna con alguna situación problemática o, inclusive, cuando el educando o educanda hace evidente un conflicto personal. Aquí el maestro se puede convertir en el primer contacto para ayudar al alumno o alumna, con su opinión o bien canalizando el caso con especialistas en los temas pertinentes. Así, el maestro no solo presenta contenidos escolares y conduce al grupo, sino que se convierte en agente social activo, desde luego, con los límites propios de la situación específica del alumno o alumna.
Esta clase de docentes, entregados a su labor educativa y conscientes de su rol agregado de orientadores y canalizadores, los he visto en los diversos niveles de nuestro sistema educativo; desde la profesora de primaria que desconocía la ubicación de la delegación de la Secretaría de Educación porque, dijo, evitaba los trámites para no dejar a sus niños, hasta el maestro universitario que, en lugar de buscar más estímulos económicos, orienta su búsqueda a la información adecuada para hacer comprensible su clase.
Para los maestros y alumnos, el mes que el secretario Delgado dice que está perdido es un tiempo valioso; un lapso que, con imaginación y voluntad, puede ser provechoso para profesores y alumnos.
Termino estas reflexiones con una especie de viñeta, ya que no pude tomar foto de la escena: camino del hotel a la sede de un congreso al que asistí, pasé por una primaria; un anciano profesor, sentado en una banca de un pequeño jardín, en lo que supongo era el tiempo de recreo, sonreía discretamente contestando las preguntas de los niños que lo rodeaban. Su rostro denotaba paz y felicidad. Los niños le hablaban y él, solícito, contestaba; todos parecían felices; sobre todo, creo que el docente disfrutaba el momento. Es el oficio de maestro.
Estimados maestros: ¡felicidades!