TIJUANA, ENSENADA Y SAN QUINTÍN: TRES ROSTROS DEL DESARROLLO EN BAJA CALIFORNIA DURANTE 2025

En 2025, Baja California creció a distintas velocidades, pero bajo un mismo desafío: transformar el dinamismo económico en bienestar social. Tijuana, Ensenada y San Quintín representaron tres modelos de desarrollo que avanzaron por rutas propias —industrial, diversificada y agroexportadora— reflejando las distintas caras de un estado que sigue buscando equilibrio entre crecimiento, sostenibilidad y justicia territorial.

Tijuana se mantuvo como el principal motor económico de la entidad. Su condición fronteriza y su integración al comercio binacional fortalecieron a la industria manufacturera, especialmente en los sectores de dispositivos médicos, aeroespacial y electrónica. En 2025, el fenómeno del nearshoring impulsó nuevas inversiones, la expansión de parques industriales y la generación de empleo formal, consolidando a la ciudad como uno de los polos productivos más relevantes del noroeste del país. El crecimiento económico vino acompañado de presiones urbanas históricas. Seguridad, movilidad y servicios públicos siguieron siendo los principales retos de una ciudad que concentra casi la mitad de las unidades económicas del estado.

 Frente a este escenario, la administración municipal encabezada por Ismael Burgueño Ruiz apostó por una estrategia de infraestructura como base para sostener el desarrollo. Durante 2025, Tijuana fortaleció su capacidad operativa y urbana. Se amplió el sistema de videovigilancia con miles de nuevas cámaras, se incorporaron más de 400 patrullas y se extendió el alumbrado público a colonias con rezagos históricos. Estas acciones, junto con la modernización de la recolección de basura y la rehabilitación de espacios públicos, formaron parte del Plan Plurianual 2025–2027, respaldado por una inversión superior a los 2,300 millones de pesos

Más al sur, Ensenada consolidó un modelo de desarrollo basado en la diversificación económica. Comercio, servicios, pesca, agricultura y turismo se articularon como pilares complementarios. En 2025, el puerto registró un aumento en la llegada de cruceros internacionales, generando mayor derrama económica, mientras que la Economía Azul ganó presencia mediante políticas orientadas a la pesca sustentable y la acuacultura tecnificada. Bajo el liderazgo de la alcaldesa Claudia Agatón Muñiz, el municipio avanzó en proyectos estratégicos de largo plazo.

 La construcción del tercer carril en la entrada norte y la gestión del nuevo aeropuerto civil buscaron mejorar la conectividad regional. A la par, se reforzaron programas de limpieza costera, conservación ambiental y promoción cultural, mientras el Valle de Guadalupe continuó posicionándose como un destino enológico de alto nivel con nuevas inversiones hoteleras y gastronómicas.

En contraste, San Quintín vivió en 2025 un año clave para sentar las bases de su desarrollo institucional. Como el municipio más joven del estado, su economía se sostuvo principalmente en la agricultura y la pesca. El Valle de San Quintín se reafirmó como una potencia agroexportadora, especialmente en berries y hortalizas destinadas al mercado nacional e internacional, lo que evidenció la necesidad de atender rezagos históricos. Durante su primer periodo de gobierno municipal, se priorizó la infraestructura básica y la cohesión social. Caminos rurales, alumbrado público, acceso al agua potable y servicios de salud se colocaron como ejes centrales. Destacó la inversión en proyectos de desalinización para uso agrícola, la formalización del empleo rural y la regularización de la tierra, sentando las bases para una economía más integrada. En conjunto, Tijuana, Ensenada y San Quintín delinearon en 2025 las tres caras del desarrollo de Baja California: la industria que acelera, la diversidad que equilibra y el territorio que aprende a construir su futuro.